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Heraldo de Barbate

El skate, una religión sin templo

En el último Pleno se aprobó una moción para la construcción de un skatepark en la localidad, aunque el equipo de Gobierno recalcó que se realizaría cuando exista "disponibilidad presupuestaria"

Joaquín Fernández  |  28 de Octubre de 2013 (00:00 h.)
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El paseo marítimo es un lugar frecuentado por los skaters.
El paseo marítimo es un lugar frecuentado por los skaters.

Jóvenes, y no tan jóvenes, sienten devoción por un deporte que es algo más que un simple deporte. La ropa, el lenguaje o la habilidad son los dogmas de una práctica deportiva que se convierte en creencia. Veneran a su dios, para algunos Tony Hawk; no tienen libro sagrado, porque cualquiera es libre de hacer lo que imagine con un simple monopatín; y un kickflip, un ollie, o un heelflip pueden ser los rezos, en forma de saltos, de la religión del skate. Pero estos devotos no pueden rendir culto a su deporte en Barbate, ya que no existe un espacio donde practicarlo. Una religión, pero sin templo.

Estos aficionados reclaman un lugar adaptado donde puedan desarrollar su actividad con seguridad y sin molestar a los vecinos, un skatepark, para la práctica del skate, del roller o del BMX. Los aficionados no disponen de ese espacio a pesar de que han trabajado y elaborado un proyecto para ello. En el último Pleno celebrado en el Consistorio se aprobó la proyección y construcción de la ansiada pista. Una moción presentada por el Partido Andalucista, aunque el equipo de Gobierno recalcó que se realizaría cuando hubiese “disponibilidad presupuestaria”. Semanas antes del Pleno, desde el colectivo Foro Joven se trasladó al Consejo de Juventud la demanda de estos aficionados al skate.

Hasta entonces, estos devotos seguirán sin templo, y ‘rezarán’ donde puedan y les dejen, teniéndose que marchar, incluso, a otros pueblos de la provincia donde sí disponen de unos espacios adecuados.

Un proyecto no concluido

Los socios de la asociación barbateña Club de Skate Palpatín, elaboraron un proyecto para la construcción de un skate plaza hace unos tres años en la zona de La Chanca. Este espacio, además de disponer de un mobiliario adecuado para la práctica deportiva,  ofrecería otros usos para el disfrute de cualquier vecino. “A través de la asociación preparamos la propuesta y nos ayudaron desde el Ayuntamiento. Llegamos a solicitar una subvención, pero no sabemos finalmente qué ocurrió, porque no nos informaron”, comenta Sergio Arriaza, fundador del Club y aficionado al skate.

Jesús Troitiño, coordinador de la Casa de la Juventud y una de las personas que colaboró para llevar a cabo el proyecto, comenta que la pista deportiva no se concluyó porque el Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) dejó de conceder subvenciones para infraestructuras. “Los chavales estaban muy ilusionados, y el proyecto del skatepark estaba listo con el visto bueno de los responsables, pero en ese momento cortaron las subvenciones por la crisis”, explica Troitiño. Así, aclara que actualmente es imposible solicitar una ayuda a través del IAJ para ese tipo de espacios. “Desde hace unos años, ni entidades públicas ni asociaciones pueden pedir una subvención. Por lo menos desde Juventud, que es lo que controlo”, añade el coordinador.

Asimismo, estos jóvenes recibieron una ayuda económica por parte del Ayuntamiento para la creación de unas rampas y plataformas de madera, tal como reconoce David Rodríguez, concejal de Juventud. Pero los aficionados han deambulado de un lugar a otro con estas plataformas, bien porque les han echado, bien porque se las han robado. El puerto, el Paseo Marítimo o La Chanca han sido, por cortas temporadas, skateparks low cost construidos por los propios jóvenes, ya que buscaban zonas donde no causar molestias a vecinos y viandantes. “Los chavales tienen que utilizar mucho su imaginación. Son muy creativos, pero aun así cada vez están mal faltos de recursos”, comenta Sergio Arriaza.

Los skaters avisan que construir un skatepark no es hacer cualquier plaza. “No queremos que sea un parque desaprovechado, que se quede en desuso”, explican unos jóvenes aficionados que practican habitualmente skate. “En pueblos de la zona han hecho pistas cuesta abajo, y no se pueden utilizar. Entonces, si se construye, que se haga con conocimiento y preguntando”, explican.

Un deporte que para algunos es un estilo de vida y casi una religión. Jóvenes que quieren desarrollar, en un espacio adecuado, sus inquietudes y ayudar a fomentar un deporte que aunque parezca arriesgado, impulsa beneficios físicos para todo aquel que lo practique. Un ansiado ‘templo’ que podría convertirse en un bien común que beneficiaría a jóvenes, no tan jóvenes y, sobre todo, al municipio.